Ballenas Jorobadas en el Ecuador

Hace poco empezó la temporada de avistamientos de ballenas jorobadas en la costa ecuatoriana, algo que conmociona las poblaciones costeras generalmente dedicadas a la pesca artesanal y que, durante los pocos meses  de Junio a Septiembre, aprovechan para llevar turistas a observarlas mar adentro obteniendo ingresos que les permiten mejorar su precaria situación económica.

Las ballenas jorobadas son cetáceos, al igual que los delfines y marsopas,  son mamíferos marinos que respiran aire, paren y amamantan a sus crías. Son animales migratorios, se alimentan en áreas cerca a la Antártida, se aparean y reproducen en aguas más cálidas como la zona ecuatorial. La Dra Cristina Castro, de  PACIFIC WHALE FOUNDATION ( http://www.pacificwhale.org/ ), es probablemente la persona que más estudios ha realizado sobre el comportamiento  y hábitos de estos hermosos animales.

Es precisamente de su comportamiento en nuestras aguas del que quiero centrar mis comentarios. He tenido la oportunidad de fotografiar a las ballenas y sus crías mar adentro, aproximadamente 4 a 5 millas de la costa, es algo realmente increíble y sobrecogedor. Las crías generalmente nacen en el mes de Junio y para Septiembre, luego de alimentarse de la leche materna con altísimo contenido de grasas, han crecido a un tamaño  de 3 a 5 metros, se pasan saltando fuera del agua y jugando alrededor de sus mamás, son sumamente curiosas y se acercan a las embarcaciones para observar a sus “observadores”…….su madre siempre está cerca de ellas cuidándolas en

todo momento.

Desde que empecé a bucear aquí en el Ecuador no deja de sorprenderme la belleza de la naturaleza que hay en este país y su vida marina no es una excepción. La primera vez que escuché el “canto de amor” de las ballenas no podía creer que era tan afortunado, algo subliminal, solo lo había escuchado a través de la televisión en los programas científicos de Discovery Channel o Natgeo, pero ahora, yo era parte de esa historia, podía escuchar diferentes tonos, desde agudos y prolongados a graves y cortos, todos retumbaban en los arrecifes por donde estaba buceando y, dado el comportamiento físico  del sonido bajo el agua, era imposible determinar dónde o a qué distancia estaban de mi, por el volumen de sus cantos podría sentirlas muy cerca pero eso era solo una percepción mía. No hay palabras que  puedan darle un significado justo a la sensación de estar allá abajo escuchando ese concierto de amor, algo que solo algunos buzos tenemos la bendición de oír.

Espero que este corto relato incentive a las personas que lo leen a animarse a bucear, a conocer las bellezas que Dios ha creado bajo nuestro mar y disfrutar de la paz que hay en el mundo submarino.

                                                    

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